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De que hablo cuando hablo de Correr - Murakami

Foto del escritor: Gabriel Omar Mendoza Flores
Gabriel Omar Mendoza Flores
3 may
3 min de lectura

Un paseo me recordó a What I Talk About When I Talk About Running, de Haruki Murakami. Es ese tipo de libro que no te vende nada, simplemente te cuenta cómo un tipo japonés dejó su bar de jazz en Tokio para escribir novelas, y descubrió que correr era la forma de mantener su cabeza funcionando. Nada de esas historias de corredores que te bombardean con sus logros en Instagram. Murakami escribe para los que corren solos. Para los que corremos porque necesitamos pensar, no porque queramos un trofeo.

Pero hay algo que cambió todo: leí este libro hace un par de años cuando vivía en Recuay, alejado de todo el mundo. Y eso no es lo mismo que leerlo para luego tomar un café en Miraflores. En Recuay corría por los paisajes que tienes alrededor, los animales sueltos en los caminos, los amaneceres. Cada vez que salías a correr veías caballos, perros, toda esa vida que existe sin hacer nada especial. Y el silencio. En Recuay hay un silencio que no hay en ningún otro lado. Cuando Murakami habla de esa conversación interna mientras corres, alejado es donde realmente sabía de que hablaba. Porque el único ruido eras tú. Tu respiración, tus pasos. Nada más.

Lo que me pegó fue cómo compara la disciplina de escribir con la de correr. No es algo forzado. Murakami cuenta cómo decidió correr una hora diaria mientras escribía su primera novela, y así pasaron años... maratones, ultramaratones, pero siempre desde ese lugar donde necesita mover el cuerpo para que la cabeza funcione. En Perú sabemos lo que es eso. Corremos por Miraflores cuando el aire está limpio, o simplemente en los parques escapando del caos. Y en algún punto del camino, al kilómetro tres cuando todo te duele, descubres que no estás corriendo contra el cronómetro. Estás corriendo contra ti mismo, contra esa voz que te dice que te bajes. Y cuando logras seguir, eso engancha.

Lo más lejos que he corrido fue un medio maratón, pero entiendo lo que Murakami describe. Hay un punto donde el esfuerzo físico se convierte en puro pensamiento. Ordenas tus ideas sin pensar. Resuelves problemas que llevan semanas molestándote. Te confrontas contigo sin filtros. Aquí en Perú, donde todo es ruido por el tráfico, los vendedores, los mensajes es donde correr se convierte en el único lugar donde hay paz. Y esa paz es más valiosa que cualquier otra cosa.

Lo que más me gustó fue su reflexión sobre el equilibrio entre cuerpo y mente. Cuidar tu cuerpo no es vanidad, es una forma de mantener tu energía. Murakami escribe contando rutas, temperaturas, comidas, pero también reflexiona sobre envejecer, sobre cómo tu mejor momento ya pasó pero eso no significa rendirse. Habla de aceptar que pierdes velocidad pero ganas perspectiva. De competir solo contra tu versión anterior. Y en un país donde creemos que si no somos el mejor fracasamos, eso dice mucho. Murakami dice: "Tu única competencia eres tú ayer." Y eso aplica a todo—a escribir, a vivir, a seguir adelante.

Hay capítulos sobre envejecer que te golpean. Aceptar que ya no corres como antes, que tu cuerpo tiene límites nuevos, pero encontrar formas de seguir avanzando. Eso resuena cuando te vas acercando a tener 30 y sientes que el tiempo se acelera. Que debiste haber logrado más. Y Murakami simplemente dice: está bien. Sigue. A tu ritmo. Con lo que tienes hoy.

En el fondo, Murakami usa correr como metáfora de la vida—la escritura, todo. La forma de seguir cuando quieres parar. Constancia. Paciencia. Soledad. Y lo importante es que no trata de convencerte de ser atleta. Solo te muestra que cuando haces algo día tras día, sin esperar gloria, solo porque lo necesitas, algo cambia. Te deja pensando en todo lo que dejamos de hacer por miedo. Y en Perú, donde la vida es pesada, un libro así es una joya. No solo te dan ganas de correr. Te deja pensando en cómo estás viviendo.


 
 
 

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